Osteopatía

Desde la Osteopatía acompañamos con nuestras manos a la persona, al ser, en su proceso a través de su cuerpo, para que encuentre los recursos necesarios que le ayuden a restablecer su salud, es decir, para que la fuerza de vida se expanda en ella. El cuerpo refleja la necesidad vital de la persona, aquello que necesita resolver su ser esencial aquí y ahora. Esta información que el cuerpo contiene precisa de una escucha acogedora, comprensiva  y respetuosa, que le permita confiar en la persona que lo está acompañando para poder mostrarse en su dolor.

El cuerpo es el altavoz del ser, y cuando la persona logra escuchar su mensaje y ocuparse de ello, podrá recuperar su salud. El cuerpo es la concretización, el lugar donde se materializa la salud, el bienestar.

Las células disponen de toda la información de la persona, de su origen y de sus vivencias; la memoria celular guarda toda la información del sistema al que pertenece la persona (familiar, laboral y de todos los ámbitos que configuran a la persona).

El cuerpo, a través de nuestras manos que le acompañan y le sostienen, nos lleva al lugar en el que se retiene su vida. Cuando el paciente, a través del tratamiento, se hace consciente del “conflicto” que está originando su malestar, el proceso físico de recuperar el movimiento de vida es mucho más fácil, y en algunos casos incluso inmediato.

Nuestra función como terapeutas es acompañar a la persona, con nuestras manos, en su proceso de conexión con su esencia, para que pueda encontrar su propia fuerza de sanación. Liberaremos las estructuras físicas (articulaciones, huesos, músculos, fascias, órganos, nervios, arterias, venas, …).

El cuerpo humano funciona como un conjunto armonioso en el que todas sus partes están interrelacionadas. Cuando un paciente llega con un dolor, aún cuando la persona espera que la atención se limite a las zonas dolorosas, el pensamiento osteopático reconoce la enfermedad como un efecto y, por tanto, es necesario buscar la causa precisa y ésta puede estar lejos de la zona de los síntomas.

En cada caso vamos a ver lo que denominamos cadena lesional, es decir, dónde está la retención de vida en la persona, las estructuras y las emociones implicadas en dicha retención. Detrás de cada retención de vida hay una vivencia, una emoción, y a nivel físico una retracción del pericardio.

El osteópata coloca sus manos sobre el cuerpo del paciente y sigue el movimiento de los tejidos hasta que se produce la corrección.

Cuando una estructura se encuentra en disfunción, hace que todas las demás partes del cuerpo se adapten, principalmente para no sufrir. Esta adaptación continúa hasta que ya no puede más y el cuerpo lo manifiesta. Por tanto, una disfunción puede tener su origen en un lugar más o menos alejado de donde se manifiesta.

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Además, tendremos en cuenta el contexto al que la persona pertenece y en el que se desenvuelve; esto es, cada uno de nosotros formamos parte de diferentes sistemas y estamos condicionados e influenciados por los mismos (familiar, laboral, amistades, …). Entre estos el principal es el sistema familiar, del cual venimos y donde nos desarrollamos. La disfunción observada en el cuerpo del paciente la consideraremos por tanto dentro del contexto al que la persona pertenece, atendiendo a la relación que pudiera tener con la dificultad que vive la persona (Enfoque sistémico)



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